Borrell renuncia a reclamar la soberanía de Gibraltar en las negociaciones del brexit

  • ¡Ay Picardo y tú que te quedaste sin darte el gustazo de completar el escarmiento, si lo llegas a saber!

20 junio de 2016 9 am. Todo estaba estudiado. Nada podía salir mal. Plan de entrada, plan de acción y plan de salida. 

Sobre las 12 pm estaba hecho. La bandera española más grande que jamás hubo en Gibraltar lucía sobre la roca. Los cinco del equipo nos dispusimos a salir según lo estipulado, a nado, a pie o en coche pero algo falló. A mí me detectó la policía y me detuvo. 

Dos días en la mazmorra de la comisaría en condiciones inhumanas. Interrogatorios policiales sin asistencia de letrado, algo de agua, comida vomitiva y nada de higiene personal.

El 22 de junio por la mañana fui trasladado a la Corte ( los juzgados) y desde una pecera (como si fuera un etarra) contemplé cómo mi abogado español era también detenido. (Pedro, algún día todos los españoles tendremos que levantarte, a ti a Javier y al resto, un monumento por poner a raya a los golpistas catalanes).

Su señoría decidió que tenía que pensar qué hacer conmigo y mientras, me mandaba, por lo menos hasta el 28 de junio a la cárcel del peñón junto con delincuentes comunes, pederastas y violadores. Allí fui agredido por los presos "llanitos" a los que no les gustó nuestro gigante regalo rojigualdo.

24 de junio, viernes (4 días antes de la fecha fijada para la nueva vista), sobre las 13:00pm.  -Vamos cámbiate de ropa que bajamos a la Corte-  me dijo el carcelero. -¿Cómo? ¡pero si el juez me ha citado el martes que viene! - Contesté - Nos acaban de llamar que te bajemos-.

A las pocas horas estaba libre con una condena firme de dos semanas de cárcel ¡por poner una bandera comunitaria en territorio comunitario! exentas (lo que restaba) de cumplir. ¿Qué había pasado?¿Qué cambió los planes de dar "un buen escarmiento", a todos los españoles, con mis huesos en sus mazmorras? Luego lo comprendí. 

Ese viernes por la mañana se supo el resultado del referéndum del Brexit en Reino Unido. -Que sí, que nos vamos- me dijo apesadumbrado el policía llanito que me trasladaba al puesto fronterizo.

El pirata Picardo se acojonó esa mañana y, sin duda, una de las primeras cosas  que pensó es que no podía retener ni un minuto más en la trena al español de la bandera. Había que empezar a llevarse bien con el gobierno de España con quien, sin duda, se abría un período de duras negociaciones. El futuro de Gibraltar (ese paraíso fiscal y del delito) estaba en juego...

Ni el mismísimo Picardo podía imaginarse que al gobierno de turno de España su compatriota apresado se la repanfinflara  ni mucho menos que fuera a renunciar a todo y dejarle el camino expedito. ¡Ay Picardo y tú que te quedaste sin darte el gustazo de completar el escarmiento, si lo llegas a saber!

Nacho Mínguez

Preso Político en Gibraltar