Los jefes políticos se van de vacaciones con la cartilla llena de suspensos. Los problemas de la Región aumentan y engordan. Otro curso político tirado a la basura. Y el reloj haciendo tic-tac para echar el resto en una legislatura perdida, lo más parecido a una borrachera sindiós. Vemos tránsfugas atragantados con tajadas del presupuesto, nerviosismo de listas cremallera y la amenaza de una crisis de gobierno para aparentar impulso de etapa final. Pero ahora todos a la playa, con alegría de pincho y cerveza, sin remediar ninguno de los problemas que estrangulan nuestra Comunidad.
En el 40 aniversario de la autonomía no había nada que celebrar. A los 13 años de socialismo decadente han seguido otros 27 de estancamiento popular. Llevamos décadas colocados en los peores índices que miden el desempeño político de las regiones. Nuestra renta por habitante y contribución al PIB nacional no se ha movido desde 2008. Pobreza, miseria, fracaso y machetazos galopan la estadística. Seguimos con el paro juvenil más escandaloso. Tenemos mafias de inmigrantes con el ojo puesto en nuestras costas y las manazas en nuestros recursos económicos sanitario-asistenciales. La deuda y el déficit invitados habituales en las cuentas quebradas. Y una Comunidad plagada de normas inútiles siempre esperando nuevas purgas de simplificación.
Pepe Vélez está feliz con el aporte social-comunista de Sánchez al desmadre regional. López Miras alardea con el congreso fallido de su partido, cerrado en falso a conveniencia de Feijoó. Pero la risa tonta de los mandamases es una bofetada contra los murcianos. Estamos condenados a la muerte del Trasvase a manos de un caudal ecológico amañado, mientras la Agenda 2030 extermina nuestro campo imponiendo el triunfo de la desalación. Para el Mar Menor proyectan una miasma de filtros verdes que cuestan 450 millones. Son charcas para ranas y mosquitos, un capricho ecologista contra la ingeniería. El ecosistema con “personalidad jurídica” queda a merced de las lluvias torrenciales. Y mientras tanto, las infraestructuras que necesitamos en espera interminable, con el corredor mediterráneo y las terminales portuarias sin calendario ni plan de fiar.
A la tragedia murciana la definen sus proyectos a medio hacer por la cansera de unos y otros. Se atrancan, recambian, entran o salen del cajón al tuntún del ciclo de vida político. Y las obras siempre truncadas por un informe ambiental sectario, financiación perdida, ajuste insustancial o reunión tensionada del consejero con algún gerifalte de otro partido. Afortunadamente, en VOX Murcia todo está preparado: agua, turismo, trabajo, seguridad, orden, familia… Obras y proyectos estratégicos para una región española vertebrada en la patria común.





