En su novela “Dios ha nacido en el exilio” Vintila Horia narra el destierro del poeta Ovidio por parte del emperador Augusto, al acusarlo de pervertir a la juventud romana con su libro “El arte de Amar”.
Fue desterrado a la región de la Dacia (actuales Rumanía y Moldavia) y, estando allí, un día recordaba los momentos de discusiones intelectuales en el foro romano enunciando la siguiente frase: “Al fin y al cabo él (Augusto) no es más que el emperador de Roma, yo en cambio soy un poeta”.
Esta es, exactamente, la frase que me ha venido a la cabeza cuando he leído con estupor y vergüenza, mucha vergüenza, que el Ayuntamiento de Palma de Mallorca había decidido retirar el nombre de la calle Toledo por “franquista”. Digo había porque en el momento en el que escribo estas líneas se ha paralizado dicha retirada, lo cual no afecta a este argumento.
Los palmesanos eligieron en las últimas elecciones municipales a veintinueve concejales, pero ¿alguien cree que un solo palmesano estaba pensando en que algunos de esos concejales crearan una comisión técnica para dar cumplimiento a la mal llamada “Ley de Memoria Democrática”?.
¿De verdad alguien cree que a tan sólo un palmesano, después de Filomena y en plena crisis por el virus chino, le parece prioritario el cambio de nombres de calles?
Veamos algunos datos objetivos:
Palma de Mallorca ha pasado de 16870 parados en 2006 a 35080 en 2021, ¡más del doble!.
En Palma de Mallorca están once de las viviendas que recientemente se ha aprobado expropiar. Palma de Mallorca sufre un grave problema lingüístico para los castellano hablantes, al igual que toda Baleares.
Todavía está sin investigar un escándalo como el de la presunta explotación de menores tuteladas, sobre la que la izquierda corre un tupidísimo velo.
La falta de ayudas a pymes y autónomos, el inminente fin de los ERTEs, etc.
Esta es, sin duda, la cuestión de fondo: ¿Tiene derecho (moral) un alcalde a tergiversar la historia y jugar a cambiar calles cuando sus conciudadanos, a los que debe servir, están sumidos en los problemas antes citados?.
¿Debe un alcalde hacer del odio, el rencor y la soberbia el origen de sus acciones a cargo de un ayuntamiento?.
Estas preguntas nos llevan a la contundente frase de Ovidio: “Él sólo es un alcalde, ellos sólo son un grupo de concejales, en cambio los palmesanos son españoles que cada día luchan por vivir mejor, por sacar adelante a sus familias y por hacer de Palma de Mallorca un lugar próspero”. No hay comparación.
Decía Ramón Llull (1232-1316) que “el soberbio no se conoce a sí mismo ni conoce a nadie”, podíamos añadir que tampoco conoce nada.
En cuanto a que el nombre de la ciudad de Toledo, mi ciudad, sea revisado en base a la “Ley de Memoria Democrática” sólo diré que los concejos abiertos y las Cortes de Castilla en la Edad Media eran mas democráticos, más libres y menos sectarios que muchos organismos gobernados por la izquierda hoy en día en España.
Independientemente de que al final se retire el nombre de la calle o no, ha quedado evidenciado, una vez más, el alejamiento entre la izquierda y los verdaderos problemas de las personas.
Queda evidenciado, asimismo, que el partido socialista, que gobierna en ambos ayuntamientos, no tiene una idea de España, porque no tiene ni idea de lo que es España.
Más les valdría a los miembros de esa comisión, así como a los concejales socialistas, leer los versos que nos regaló el poeta toledano Garcilaso de la Vega (1498-1536):
¡Oh bienaventurado, que sin ira, sin odio, en paz estás,
sin amor ciego, con quien acá se muere y se suspira,
y en eterna holganza y en sosiego vives y vivirás cuanto
encendiere las almas del divino amor el fuego!





