Es evidente que el Ministerio de Transición Ecológica quiere acabar poco a poco con el acueducto Tajo-Segura. Así lo volvió a demostrar el pasado martes, cuando el Consejo de Ministros decidió cambiar las reglas de explotación del trasvase para reducir de 38 a 27 hm el agua enviada en una situación normal. Si en este último año se hubiesen aplicado estas nuevas reglas, el Levante español habría perdido 60 hm3, lo que equivale al consumo anual de una población de más de 900.000 personas.
Otra prueba definitiva de la visión antitrasvasista de la ministra Teresa Ribera es la decisión de aumentar el caudal ecológico del Tajo por Aranjuez de 6 a 8,65 m3/s, siguiendo criterios políticos y no técnicos, lo que puede traducirse en 80,6 hm3 menos para el Levante. Esto sí que supondrá el “Jaque mate” a nuestra economía y a los miles de empleos que existen gracias al trasvase.
VOX va a estar siempre al lado del Gobierno regional para hacer frente a esta política antitrasvasista, aunque el PP sufre un preocupante desdoblamiento de personalidad y es capaz de defender el trasvase en Murcia y atacarlo en Toledo.
Nosotros tenemos muy claro que en España hay agua para todos y para siempre sin necesidad de agredir el medio ambiente con los costes energéticos desorbitados de la desalación, y eso pasa por un nuevo PHN basado en la interconexión de cuencas, y por retomar el proyecto de Trasvase del Ebro, derogado en 2005 por el PSOE de Zapatero para contentar a ERC, y que el PP de Rajoy no fue capaz de retomar.
Los fondos de recuperación europeos Next Generation, de los que España recibirá 140.000 millones de euros, ofrecen ahora una gran oportunidad para abordar de una vez por todas esta obra tan necesaria. Hablamos de un proyecto con un coste cercano a los 5.000 millones de euros que, además, está ya prácticamente ultimado.
Más allá de prejuicios políticos e ideológicos, el trasvase del Ebro aumentaría la seguridad ecológica y económica de España, permitiría mejorar el estado de las aguas subterráneas y aportaría mayor seguridad alimentaria a toda la UE, cubriendo ampliamente los objetivos de sostenibilidad, transformación y cohesión territorial que exige Bruselas para el empleo de estos fondos europeos.
El Trasvase del Ebro ayudaría al gran proyecto de la unidad hídrica de España, serviría para aliviar sustancialmente la presión sobre el Tajo y contribuiría a la idea de un desarrollo sostenible e integrado tecnológicamente, y ello a costes asumibles, que podrían verse aún más reducidos gracias a los fondos europeos.





