El campo español: entre el olvido y la agonía

Algunos medios de la prensa española se han hecho eco de un estudio realizado en los Estados Unidos que habla de “la agonía del campo español”.

El Gobierno, tan preocupado por la batalla del relato y por la conquista de la opinión pública (no en vano ha financiado con 15 millones a un conjunto de televisiones privadas), no se ha dignado en reconocer la labor, indispensable para el desarrollo del confinamiento y para el sostenimiento del país, de este conjunto de héroes anónimos al que se añaden cajeras, repartidores, reponedores y otras de las llamadas “profesiones productivas”.

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, en una actitud mucho más prudente de las que este Gobierno nos tiene acostumbrados, ha reconocido, sin embargo, algunos de los problemas fundamentales por los que está pasando el sector, como es la escasez de mano de obra para la campaña de recogida de alimentos de verano (cifrada, por su ministerio, en un número comprendido entre 100.000 y 150.000 trabajadores).


Por el contrario, a pesar de las buenas intenciones, el ministro está demostrando, hasta este momento, ser incapaz de afrontar con la determinación y la valentía que merecen, la resolución de estos problemas. La drástica reducción de la mano de obra, unida a un desplome del consumo (vinculado, fundamentalmente, al “cerrojazo a la hostelería”) y la saturación de la capacidad de almacenamiento de los productores van a provocar, según el informe estadounidense, unas pérdidas que, en el peor de los casos, pueden prolongarse hasta bien entrado el año próximo.

De hecho, el vicepresidente primero de VOX, Jorge Buxadé, se hacía eco de las primeras estimaciones del impacto que están generando las medidas en el sector hostelero y son cifras dramáticas.

Las reivindicaciones del mundo rural son silenciadas, constantemente, por las principales televisiones del país que, entre otros muchos déficits, son incapaces de explicar las consecuencias que, para miles de agricultores y ganaderos, están generando las medidas adoptadas por el Estado de Alarma.

Cuando el vicepresidente Buxadé se refirió a la reapertura de pequeños comercios como “mercerías” o similares, en el fondo, se estaba refiriendo a reactivar (con las medidas sanitarias pertinentes) de manera tenue pero constante, el sector productivo español (entre el que también se encuentra la hostelería) porque, con la “celebrada” “hibernación de la economía”, el Gobierno está abocando a la ruina al conjunto de autónomos y pymes de diferentes sectores. En el caso que nos ocupa, al no entender la cadena que une al sector hostelero con la producción ganadera y agrícola, el Gobierno ha demostrado su despreocupación y ausencia de preparación para afrontar el escenario que nos ha dejado la epidemia.

Ese es, por ejemplo, el caso de los productores de “lechazo” o “cochinillo” publicado por el periódico El Mundo y recogidos en la rueda de prensa semanal que dio el eurodiputado Jorgé Buxadé el 13 de abril, cuando se refirió a que dichos productores están viendo “imposibilitado” su acceso al mercado para colocar sus productos como consecuencia del cierre de todos los negocios vinculados al sector hostelero.

Además, Buxadé avanzó alguna de las soluciones propuestas por su partido que consistirían en facilitar los desplazamientos de los españoles (en paro o sujetos a ERTEs) que así lo quisieran a las zonas rurales que demanden mano de obra urgente para afrontar la campaña de verano de recogida de productos.

Al día siguiente, el 14 de abril, el diputado por Ciudad Real de VOX, Ricardo Chamorro, presentó una Proposición No de Ley (PNL) ante el Congreso de los diputados en la que instaba al gobierno a adoptar medidas que adaptaran la gestión del Estado de Alarma respecto a la situación de los ganaderos de reses ovinas, caprinas y porcinas.

Finalmente, es momento de recordar la situación de asfixia que ya vivía el campo español antes de la llegada del coronavirus. Las marchas que comenzaron en el pueblo extremeño de Don Benito (Badajoz) y que contaron, allí, con el apoyo del diputado Víctor Sánchez del Real y, cuando se extendieron al resto de territorios de España, con la aquiescencia de numerosos diputados del partido tales como Ricardo Chamorro y Manuel Mariscal (que, además, son los portavoces del partido en la Comisión de Agricultura del Congreso), Rafael Lomana, Ángel López Maraver y, cuando las movilizaciones alcanzaron la capital de España, Reyes Romero, Rocío Monasterio y el mismo presidente, Santiago Abascal, acudieron para respaldar a uno de los pilares que, ya en el segundo mitin de Vistalegre, el propio Abascal situó como pilar de nuestra economía y nuestra sociedad.