Colombia salió de la larga noche en unas elecciones cruciales

Crónica sobre la victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia

Nunca en los veinte años que llevo viviendo en Colombia había visto tanta preocupación, tanta zozobra e inquietud en los colombianos como en estos días previos a las elecciones. Es normal: la simple posibilidad de que el candidato de las FARC y heredero de Gustavo Petro, Iván Cepeda, hubiera ganado las elecciones celebradas el pasado 21 de de junio generaba terror entre los empresarios, los jóvenes que no ven luz al final del túnel y millones de colombianos y colombianas de todas las edades, condiciones sociales y ocupaciones que estaban aterrados ante tal perspectiva. Por suerte, no ha sido así y el candidato de la derecha democrática, Abelardo de la Espriella, ha ganado las elecciones limpiamente y a casi trescientos mil votos de distancia del candidato izquierdista.

Tal posibilidad no debía descartarse porque la izquierda que gobierna Colombia es capaz de todo, porque seguramente es la más corrupta, sucia y tramposa de todo el continente, y el presidente Petro es una persona pérfida que ni siquiera reconoció en la primera vuelta el veredicto de las urnas y la victoria del candidato de la oposición. Tampoco lo ha hecho en esta segunda vuelta y Cepeda ya ha dicho que va a presentar miles de imputaciones, en concreto en 33.000 mesas electorales. Un despropósito de un mal perdedor.

Una vez mal asumida su derrota histórica en las urnas, el presidente Petro, junto con su cohorte de cipayos, comenzó a amenazar con que, si se producía una victoria del candidato opositor —al que califican abiertamente de “fascista”—, habría una una protesta social masiva, al estilo de la que se organizó durante meses contra el expresidente Iván Duque, y a atizar el fuego para sembrar el caos en el país. Generar el miedo, crear un clima de temor entre la población decidida a superar la etapa más siniestra de la historia de Colombia e intentar cambiar la voluntad popular mediante argucias, engaños y trampas, incluso llegando a un fraude masivo, era parte de la estrategia de la izquierda en estas elecciones. Nada más conocerse la victoria de De la Espriella, miles de personas se lanzaron a las calles en nombre del llamado Petro a destruir los bienes públicos en Cali, Bogotá y otras ciudades.

El propio presidente Petro, un irresponsable que en vez de dedicarse en estos años a moderar y sosegar el país sólo sembró divisiones, ha estado durante toda la campaña atizando con ardor la discordia, el odio entre los colombianos y enarbolando un discurso beligerante y provocativo, incluso insultando a los votantes de la oposición. Petro no ha ayudado absolutamente en nada a calmar las agitadas aguas por las que discurre el río de la crispada y polarizada sociedad colombiana. Fiel a su estilo marrullero, artero y retorcido, el mandatario ha amenazado con liderar el mismo ese estallido social a partir de ahora y esas amenazas hacen presagiar un mandato para el nuevo presidente bien difícil, aunque ya ha anunciado que no tolerará que la violencia en las calles quede impune en las calles.

Más lejos que el presidente Petro ha ido el exsenador del Pacto Histórico Gustavo Bolívar, quien ha lanzado una fuerte advertencia sobre el escenario colombiano al afirmar que podría desatarse una “guerra civil” si un eventual gobierno de Abelardo de la Espriella intenta “destripar” o “aniquilar” a la izquierda. Ante estas amenazas claras de varios dirigentes de la izquierda de replicar la victoria del candidato de la derecha con una protesta social violenta, el expresidente Álvaro Uribe, faro moral y ético de la Colombia que resiste al desgobierno de la izquierda, ha afirmado que “Petro merece destitución y encarcelamiento. Por desesperado que esté, porque Cepeda puede perder las elecciones, no tiene derecho a la cobarde instigación de violencia al pueblo colombiano, a la amenaza de más violencia si pierde”.

Está claro que estas elecciones del 21 de junio no eran unos meros comicios protocolarios, sino que Colombia se estaba debatiendo entre la continuidad de su sistema democrático o la instalación, durante décadas, de un régimen de corte neocomunista al estilo venezolano e incluso cubano. Tanto el candidato Cepeda como Petro no han ocultado nunca su admiración por la dictadura comunista que rige los destinos de esa gran ergástula llamada Cuba desde hace ya sesenta y siete años. Por ahora, reina la calma chicha en Bogotá, pero son muchos los colombianos que se preguntan por cuánto tiempo.

Colombia se la jugó este 21 de junio y ganó la democracia, por suerte, pero se adentra en unos terrenos movedizos inciertos como nunca antes había pasado en su historia. Solamente esta victoria rotunda, contundente y mayoritaria del candidato de la derecha, respaldada y reconocida por la comunidad internacional, puede conjurar estas amenazas y encaminar al país hacia una senda de prosperidad, progreso, seguridad democrática y bienestar. Pese a todo, lo que parecen desconocer Petro, Bolívar y Cepeda con sus amenazas es que el entorno regional ha cambiado y que seguramente los Estados Unidos, con Donald Trump al frente, no permitirán los intentos de torcer los resultados de las urnas mediante un fraude masivo electoral si intentarán repetir las elecciones como pretenden. Su tiempo ya ha concluido, es la hora de De la Espriella. La larga noche de desgobierno y corruptelas de la izquierda es historia, ya se atisba la aurora que devora a los monstruos del pasado.

Ricardo Angoso es coordinador de Vox España en Colombia.