Desde hace un año, España, y toda Europa, vive inmersa en una emergencia sanitaria, social y económica permanente. Alrededor de 90.000 compatriotas han perdido la vida a causa de la COVID-19, sin que todavía conozcamos el número exacto de fallecidos. Cientos de miles de trabajadores y autónomos han perdido su medio de vida y otras tantas empresas y comercios se han visto abocados al cierre definitivo.
Un año después de la llegada a España del coronavirus procedente de China, recordamos tristemente el 8 de marzo de 2020 como el día en el que el Gobierno de la Nación, aun disponiendo de amplia información por parte de las autoridades sanitarias, tanto nacionales como internacionales, sobre la realidad de la propagación del virus en nuestro país y el riesgo inminente de una explosión sanitaria, optó por ocultar esta realidad a los españoles.
El Gobierno, a pesar de la grave información de la que disponía, mantuvo las fronteras abiertas, ignoró la necesidad de hacer acopio de material sanitario y aparentó normalidad con el único objetivo de llevar a cabo su agenda ideológica en forma de manifestaciones feministas alrededor de todo el territorio nacional.
La mayor crisis sanitaria del siglo mostró lo peor de un gobierno centrado en protegerse a sí mismo en lugar de a los españoles, dispuesto a sacrificar la vida, la salud, la libertad y la prosperidad de todos, para salvar una movilización ideológica subvencionada. Un gobierno que ocultó y negó los riesgos para, a los pocos días, confinar a millones de españoles en sus casas, en el cierre más severo de Europa, paralizando la actividad económica y, por tanto arruinando, el futuro de miles de compatriotas.
No obstante, esta crisis también nos enseñó lo mejor de decenas de miles de trabajadores de distintos sectores: transportes, logística, seguridad, alimentación, agricultura, pesca, ganadería…, y especialmente, del sector sanitario, que actuó como último retén en turnos maratonianos y con medios insuficientes, comprometiendo su propia salud para salvar la de sus pacientes.
Son cientos de miles de españoles los que, transcurrido un año, pueden considerarse víctimas del coronavirus y de la negligente gestión del gobierno: nuestros mayores aislados en residencias de ancianos, el personal sanitario indefenso ante la explosión violenta de la pandemia, los trabajadores despedidos o en ERTE, los dueños de negocios condenados al cierre por efectos de las medidas de confinamiento coactivo, etc. En definitiva, todos los españoles que han visto cómo sus derechos y libertades eran violentados por decisiones arbitrarias del gobierno.
Hace años que el día 8 de marzo se ha convertido en una fecha manipulada ideológicamente y utilizada como arma arrojadiza en una guerra de sexos que envenena la sociedad. Este día ha sido utilizado para dividir a las familias enfrentando a hombres contra mujeres y colectivizar a la mujer trabajadora, como si necesitara de unos políticos que la defiendan para saber que su dignidad y sus derechos son iguales a los de todos los ciudadanos, sin importar su sexo.
El 8 de marzo de 2020 forma ya parte de la historia de nuestra Nación. Millones de españoles reclaman de nosotros que honremos con nuestra conducta la memoria de todos los fallecidos, de todos los violentados, de todas las víctimas del coronavirus. Millones de españoles nos exigen que no olvidemos y que el 8 de marzo no sea ya recordado por la ignominia de un gobierno irresponsable, sino que recordemos a cuantos con su esfuerzo, entrega y dedicación hicieron posible nuestra supervivencia en los momentos más duros del confinamiento domiciliario forzoso: todos los empleados públicos y trabajadores de los sectores de la sanidad, la seguridad, la logística y el transporte, el sector primario y la alimentación.
Por ello, los concejales del Ayuntamiento de Sevilla realizan la siguiente
DECLARACIÓN INSTITUCIONAL
Que el día 8 de marzo sea declarado como el “DÍA NACIONAL DE LAS VÍCTIMAS DEL CORONAVIRUS” en homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que se sacrificaron en los momentos de mayor dificultad, durante los meses de marzo y abril de 2020, y a todos los afectados por el coronavirus, pasados, presentes y futuros.





