La política-espectáculo de Murcia ha captado la atención de todos los medios durante una semana. Hemos sufrido el compendio de vicios que más repugnancia causan a los españoles. Los jefes políticos han usado las instituciones en su propio beneficio, con desprecio de los ciudadanos y los servicios públicos.
El Gobierno de Murcia ha sido subastado al mejor postor. Damos la impresión de vivir en una oligarquía-tiranía donde los cargos y prebendas son patrimonio de los mandarines. El resultado de esta maniobra es que tránsfugas y traidores se han instalado en los sillones de mando y ahora disponen del presupuesto para su capricho y conveniencia.
El terremoto murciano ha desmantelado la legitimidad democrática para formar gobiernos y mayorías parlamentarias. Las decisiones políticas no se corresponden con los votos ni con el principio de representación. Ha salido ganando el interés privado de los diputados en sus maquinaciones y trapicheos personales.
Casado, Teodoro y Miras están felices con el resultado de la moción. Montada por gerifaltes ambiciosos para apropiarse de las instituciones y repartirse el presupuesto, ha derivado en una trampa para recobrar los votos “esfumados” del centro-derecha que consideran retornos obligados de su propiedad.
Pero a Murcia la han convertido en un tinglado inmanejable con este fiasco. Lo que han confeccionado es un “zarangollo” tóxico, compuesto de traidores, corruptos, tránsfugas y “profesionales” del chollo político. Además, estos oportunistas han pactado retorcer las leyes o cambiarlas para mantener los cargos que han logrado atrapar.
Esta operación tiene un objetivo: evitar unas elecciones anticipadas que den la victoria a VOX. Tras las carambolas de la moción, el Gobierno regional está compuesto por gente desleal, defenestrada en sus partidos, que ahora están pillados bajo la tutela personal, patrimonial y política de Miras. Y lo peor es que este gobierno-tenderete, que echa a andar con las pilas muy gastadas, queda sustentado en un Parlamento desprovisto de legitimidad electoral y sin valor representativo.
La dignidad de las instituciones exige elecciones anticipadas. El único objetivo decente es lograr que la Asamblea y el Gobierno regional se parezcan a la gente honrada y trabajadora de Murcia, libre de corruptos y tránsfugas. Lo demás es un fraude, posiblemente el más deplorable y escandaloso que haya soportado la democracia española.





