Miriam Turiel (VOX): «Los sindicatos y la patronal están ‘vendidos’, las subvenciones públicas corrompen su independencia y convierten el diálogo social en un reparto de privilegios”

Los sindicatos y la patronal son un instrumento para repartir subvenciones nominativas entre los suyos.

La diputada del Grupo Parlamentario VOX en las Cortes Valencianas, Miriam Turiel, ha afirmado que «el diálogo social tiene que dejar de ser un club privado. Solo participan Gobierno, sindicatos oficiales (UGT y CCOO) y patronal (CEOE), pactando ‘a puerta cerrada’ y excluyendo a autónomos, pymes y trabajadores reales.»

Turiel ha criticado que «los sindicatos y la patronal están ‘subvencionados y vendidos’, las subvenciones públicas corrompen su independencia y convierten el diálogo social en un ‘reparto de privilegios’. Por ello exigimos que se financien solo con cuotas de afiliados y no con dinero público. VOX quiere acabar con ese monopolio y con sus privilegios caducos.»

A continuación, la diputada se ha dirigido al PSOE y les ha recordado que «los sindicatos y la patronal son un instrumento para repartir subvenciones nominativas entre los suyos. Gracias a VOX, por primera vez, esas ayudas se conceden en concurrencia competitiva y las hemos recortado un 30 %.»

«En VOX no rechazamos un diálogo social que represente a los trabajadores que no tienen voz, sino el modelo excluyente, subvencionado y opaco. No llega a la gente real. Queremos mesas de negociación democráticas, más pluralidad, menos politización y transparencia en los acuerdos.

La diputada ha afirmado que «es hora de que la voz del trabajador de la PYME, del autónomo, del agricultor y del pequeño comerciante tenga un lugar en esa mesa. Ningún sindicato ha llamado a sus puertas y, aun así, las decisiones que toman en esos despachos les afectan cada día y miles de trabajadores no tiene representación en las mesas que deciden su futuro.»

Finalmente, ha reiterado que «en VOX, no aceptamos que tres sillas en una mesa digan qué es bueno para cuarenta millones de españoles que jamás votaron a esos representantes. Cuando un sindicato prefiere proteger sus privilegios antes que al obrero que no llega a fin de mes, ya no es un interlocutor legítimo. Los trabajadores necesitan representantes que peleen con ellos y no que estén firmando pactos en despachos subvencionados a espaldas del pueblo.»