VOX defenderá en el próximo Pleno del Senado una Proposición de Ley para la protección de la dignidad de las mujeres y la seguridad ciudadana en el espacio público. Si bien se registró el pasado noviembre, la formación no ha podido defenderla hasta ahora en la Cámara Alta.
En su escrito, VOX advierte de la civilización asentada sobre los pilares de la tradición cristiana y de la cultura grecorromana, que ha hecho posible un modo de vida presidido por la libertad, la justicia, el imperio de la ley y la protección del bien común, están siendo amenazados por llegada masiva de inmigrantes procedentes de otros continentes.
Uno de los efectos que destaca la formación en su Proposición de Ley es la importación de hábitos ajenos o a las costumbres europeas, cuando no totalmente contrarios.
Así, una falsa noción de tolerancia podría conducir a permitir la progresiva normalización de hábitos como la circulación masiva de personas con el rostro cubierto. Ello supondría admitir una costumbre “que es sencillamente incompatible con el modo de vida de nuestra civilización”, y que supone “graves peligros para la seguridad ciudadana”.
Esas razones han llevado naciones como Francia en 2010; Bélgica en 2011; Austria en 2017; Dinamarca en 2018; Países Bajos en 2019 y Suiza en 2021 —mediante consulta popular— a establecer restricciones al uso de prendas que ocultan el rostro. El propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en su Sentencia de 1 de julio de 2014 (caso S.A.S. v. Francia) declaró que este tipo de medidas podían tener «una justificación objetiva y razonable».
VOX alerta también de que la imposición de este sistema de creencias tiene otras consecuencias que en cualquier país occidental serían consideradas inaceptables, como es la posición “netamente subordinada que tienen las mujeres en la familia y la sociedad”.
Y es que esta subordinación, a su vez, tiene numerosas manifestaciones simbólicas. El contexto cultural y social configurado por el islamismo ha impuesto el uso de prendas de vestuario como el nicab o el burka, que cubren el rostro de la mujer, con la sola excepción de los ojos en el primer caso. “La utilización de estas prendas tiene, sin discusión, una clarísima implicación de erradicación de la identidad personal de la mujer de la vida colectiva de la comunidad en la que se encuentra y de sometimiento al varón”.
Además, en el caso de España, “es necesario evitar que un ya inasumible incremento generalizado de la población extranjera se traduzca además en la imposición en muchos casos de la ideología islamista, caracterizada por la intolerancia para con otras creencias y costumbres”.




